Establecemos el destino y comenzamos a delinear el posible recorrido. 

Será una posibilidad, ya que en el devenir mismo nos encontraremos con distintos caminos que nos convocarán a hacer nuevas elecciones. 

La crianza como un viaje. Hacia el interior de una misma. 

Un viaje para el cual no hay mapa. Sólo podemos encontrar ciertos puntos cardinales que nos brindan orientación de hacia donde podría ser. Entre esa pequeña lucecita, que se enciende cual faro, y nuestra historia, iremos trazando la mejor ruta para cada quien.

¿Qué sucede cuando emprendemos el viaje y el destino no es lo que imaginábamos?

¿Cuánto duele la distancia entre el destino fantaseado y el real? 

¿Qué se hace con esta frustración? 

Se la integra. 

De talleres será que extraigo: “Sumergirse en la crianza viene acompañado de un duelo”. Un profundo sentimiento de desencanto, dará comienzo a un proceso frente a la pérdida de la persona que fuimos. Si, fuimos. No volveremos a ser las mismas. Y nadie nos advierte de esto. 

Algo más, este viaje no lo iniciamos viajando en un vuelo reconfortante y cómodas, sino que será llevando una maleta que contiene nuestra historia, nuestro contexto actual, las tareas, exigencias, el estar disponibles y otro tanto de cosas..

Este viaje invitara a una transformación, con visitas a paisajes luminosos de agua y naturaleza, a lugares donde conoceremos y diremos no querer regresar más, visitas a cavernas de lo más oscuras y otras en las que disfrutaremos de la aventura misma. 

Estas excursiones no son ni buenas ni malas, dependerá del momento de nuestro viaje en el que estemos con los ojos que miraremos. 

Algo para lo cual tampoco estamos advertidas es que con la maternidad se nos presenta la posibilidad de pasar por aquellos lugares en los que fuimos maternadas, dándole otro sentido. Esto no será, sin pasar por esas heridas, conectando con mi niña interior, con aquella niña que fui; proceso intenso, doloroso, repleto de miedos e incertidumbre, con momentos donde no alcanzo a ver el camino, pero con la certeza de que cada extravío me aportará una verdad. 

No seremos mejores por estar más tiempo sino por estar más presentes. Esto es escuchando nuestras necesidades y pudiéndolas comunicar.

Quizás en la montaña, en una ciudad o en una playa de arena tibia, todas en algún momento encontraremos un pequeño cofre, que debemos guardar y abrir cada vez que lo necesitemos. Adentro una carta que dice: 

“La maternidad tu tesoro, guarda dentro de sí, el regalo de pensarte a vos misma”. 

Hay un viaje para cada quién. La manera de trazarlo no será la mía ni la tuya, pero si me atrevo a esbozar, que en el recorrido me podré servir de las múltiples resonancias que encontraré en este viaje tan intenso como maravilloso.