Hoy escribo en modo alarma. Es mucho lo que pasa frente a nuestros ojos y acá estamos, existiendo.

La misma industria alimentaria nos tomó el cerebro respecto a cómo elegir y esta es la parte de la historia en la que nos encontramos: la sopa viene en cubos del tamaño de un caramelo, el puré de papa en escamas secas y el jugo de frutas en polvo.

“Los conservantes, colorantes y emulsionantes son sustancias químicas para presentar a los alimentos de tal manera que sean más vendibles”. Dice Miryam Gorban, nutricionista que trabajó con el Dr. Favaloro, recibió un Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Medicina de Bs.As. Desde el 2011 lleva adelante la primera cátedra libre de Soberanía Alimentaria, sumándose allá por los ‘90 al gran movimiento Vía Campesina donde creció su pasión por un tema del que no se hablaba: la soberanía alimentaria. “Esas dosis mínimas de químicos van produciendo una acumulación que queda en los tejidos, en especial en el tejido adiposo y desde allí se disparan un montón de enfermedades que hoy son una epidemia en el mundo.” Advierte Miryam.

“Un ejemplo son los colorantes para que a los chicos les llame la atención los productos. Y estos colorantes están asociados a los problemas de hiperactividad.” Continúa la referente en el tema en nuestro país, nombrando luego la tartrazina y el aspartami -también conocido como aspartamo- aditivos que tienen potenciales efectos en trastornos neurológicos, que se encuentran en gran cantidad de productos que ofrece el supermercado y desconocemos. 

Desconocemos porque no hay cultura de la información pero sí persuasiva de ventas gracias al marketing. La gran mayoría de los productos que elegimos en las góndolas, llamados industrializados (hablaremos más adelante), están compuestos por fórmulas de las cuales no tenemos ni idea qué significan ni cómo afectan al organismo. De hecho ¿Cuántas personas que están leyendo esto prestan atención a las etiquetas?

Vamos a poner foco sobre el enemigo público número uno: Coca Cola.
“Ay ¡Pero es tan rica!” “Un vaso no pasa nada”. Leamos su etiqueta y veamos qué la compone con información extraída de https://www.aditivos-alimentarios.com/ y después hablamos de lo “rica que es”

  1. Jarabe de maíz de alta fructosa. Es decir, muchísima azúcar que aparentemente es más dañina y difícil de metabolizar que la glucosa.
  2.  col(orante) 150 d : Efectos secundarios: en grandes dosis puede provocar problemas intestinales y disminuir la absorción de Vitamina B6. Existe controversia en los amónicos (150c 150d) ya que en las pruebas con animales de laboratorio la molécula química 4Mei produjo casos de cáncer, por lo que se cree que a largo plazo podrían ser cancerígenos. Algunos lugares como el Estado de California (EEUU) han decidido indicar en sus etiquetas este ingrediente como posible cancerígeno. Nivel de toxicidad: media
  3. aci 338: En grandes dosis puede provocar hiperactividad y problemas digestivos. A largo plazo puede reducir el equilibrio natural de calcio y fósforo en el organismo. Es fácil consumir una elevada cantidad debido a los numerosos alimentos que lo contienen. Nivel de toxicidad: media
  4. Sucralosa: Edulcorante sintético bajo en calorías. Se obtiene de la sacarosa (azúcar común) tratada con cloro. Es hasta 600 veces más dulce que el azúcar normal. Se utiliza en gomas de mascar, chicles, golosinas, bebidas energéticas, etc […] Se comercializa bajo los términos: sin azúcar, 0% azucares añadidos, sugar free, light, cero, zero, bajo en azúcares, etc También se usa en suplementos deportivos, alimentos dietéticos, complementos multivitaminicos, etc. En dosis grandes puede provocar la destrucción del sistema inmunitario afectando sobre todo al hígado y los riñones. Recientemente en ensayos con ratones se ha demostrado que su consumo en dosis grandes a largo plazo puede producir daños severos en el ADN. Nivel de toxicidad: alta.

Y estos son solo algunos.
Una gran parte de la población sabe que las gaseosas son malas para el organismo. Sin embargo, tras el discurso de un vaso no es nada se sigue consumiendo. 

Es muy importante que soltemos estas adicciones que nos tomaron nuestro cerebro “destapá felicidad” y comencemos a evitar los productos que están deteriorando la salud de los seres humanos. 

Leamos etiquetas, reaccionemos ante ellas, dediquemos tiempo a despertar de esta parodia zombie a la que la industria publicitaria nos condujo y pensemos qué estamos eligiendo. ¡Que nos haga ruido la presencia de aditivos! 

No encuentro imagen más explícita que la de un grupo de zombies comprando.
No sabemos qué estamos metiéndonos en nuestro cuerpo ¿Cómo eso nos parece normal?
Es esa hora del día que se te va sin saber cómo, la que podes utilizar haciendo una receta muy fácil; reencontremonos con el sabor de una galletita casera, que no esté compuesta por siglas indescifrables.
Es necesario que reivindiquemos el derecho a elegir alimentos, no productos.