Terreno minado de significados y de múltiples aristas. La idealización ya hoy ligada a la deconstrucción del concepto de maternidad como eje de una identidad femenina que encierra la opresión de la mujer.

El acto de amamantar implica factores familiares, históricos y sociales. Altamente influenciado por un entorno y hasta no hace tantos años visto desde la lógica del individualismo. Una concepción basada en un imaginario y comportamientos estereotipados donde reinaba la culpabilización, en torno a una perspectiva hegemónica y patriarcal.

Amamantar es una vía que facilita, una forma que propicia el vínculo, pero no es la única.

Estas líneas intentan iluminar algo de lo que sucede cuando la lactancia no se da de la manera esperada.

¿Cuánto mandato hay detrás de eso no cumplido?

Se juega la lactancia para cada una, en torno a las características subjetivas y la circunstancia dada en la que el bebe adviene, hay tantas formas distintas de llevar adelante la lactancia como tipos de madres.

Años en talleres de puérperas desanudando ataduras, abriendo mitos y realidades con el fin de dar lugar a una mamá que se disponga al vínculo por construirse.  

Una de mis premisas: “Mejor mamadera dada con amor, que teta con odio”

No hay una manera, en el camino me serviré de esas otras para encontrar la mía y la de mi bebe. No hay poder más nutritivo y aliviador que un grupo de mujeres organizadas. El formar parte de una red que facilite y brinde sostén, circulando por espacios de intercambios libres de juzgamientos. No hay una forma buena o mala, hay maneras más o menos adecuadas, que irás descubriendo en el recorrido de ir conociéndote con tu bebé.

HAGAMOS DE LA LACTANCIA LA POSIBILIDAD DE UNA MUY BUENA ALTERNATIVA, PERO NO UNA OBLIGACIÓN. 

Mis dos maternidades, dos experiencias con la lactancia. En ambas trabajaba para el sistema público en atención primaria. 

Lo común entre ellas, es la desesperación y el vacío que me produjo la vuelta al trabajo, así como la búsqueda por armar red de contención salvadora.

Con Alma, el día anterior cruce a la casa de una vecina amiga llorando, con la mamadera en la mano: “No se como voy a hacer, no la quiere”. 

Con Galo, unos días antes, llamé a una compañera Puericultora, la cual me brindó herramientas y por sobre todo, a ella misma con su estar dispuesto y amoroso. En esta oportunidad me sentía más armada, con mayores recursos y una convicción más firme: “Me voy a sacar leche, la voy a almacenar y Galo tomará de mi leche”. 

Era el sistema (perverso) o yo. 

Desde esta posición regresé a mi labor. Cabe destacar que trabajaba en un Centro de Salud y entre las tareas que desempeñaba, acompañaba en espacios de crianza promoviendo la lactancia materna entre tantas cosas más. El día de mi vuelta, me informaron que por cambios en las normativas municipales no tendría el horario de lactancia, esto implicaba retirarse antes para encontrarme con mi bebe de 3 meses. 

En mi interior supe dos cosas: que no cedería en el deseo de dar mi leche y que mi tiempo en ese lugar tenía fecha de vencimiento. 

Al hablar de lactancia materna es inminente considerar el entorno social, cultural, el acompañamiento o no familiar, así como también el atravesamiento de políticas públicas. Todo esto en el devenir de una mujer que porta una historia y que se adentra en un nuevo universo.

Poder vivir una lactancia con libertad y disfrute cuando se opta  por ella o se puede acceder. Ya que no siempre es posible o a veces no vamos a querer hacerlo, en ese caso, ojalá todas pudiéramos encontrar un espacio para el despliegue de nuestro acontecer. Sea por sí o por no, siempre en compañía de otra es lo que marcará la diferencia. 

No estás sola. Somos comunidad.