Las paces con la digestión

Hace unos 8 años participé junto al equipo con el que trabajaba, en un Congreso de Nutrición. Recuerdo mi aburrimiento, ya que las ponencias eran muy ligadas al orden médico, mucho contar hidratos y calorías, valores de laboratorio, hipertensión, obesidad, y bastante más de lo que ya estaba acostumbraba a escuchar. Hasta que en un momento le tocó el turno a ella. Hizo su ingreso a la sala LA MICROBIOTA INTESTINAL.

Se trató de un interés a primera vista. Si, eso fue. 

La microbiota bacteriana nombrada como el segundo cerebro, influye directamente en los niveles de serotonina y dopamina, neurotransmisores responsables de que nos sintamos felices y motivados.

Una gran cantidad y diversidad de microbios son necesarios para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo-cerebro, esto se conoce como Microbiota.

El tracto intestinal se comunica con el cerebro y él, a su vez, con el sistema digestivo. Este circuito de neuronas, hormonas y neurotransmisores mandan mensajes al cerebro del estado del intestino, de manera que estos impactan en el ambiente del mismo, de esta manera, pudiendo modificar la microbiota. 

Es tal la vinculación que hay entre nuestro cerebro y las bacterias que forman parte de nuestra microbiota, que hasta se puede ver alterada la percepción del mundo y nuestro comportamiento.

Ahora, ¿Cómo podemos incidir en la composición de la microbiota?

Con lo que comemos. 

Una alimentación variada favorecerá nuestra microbiota. Pero para esto, será necesario despegarnos de la idea de productos irremplazables y tendremos que evaluar nuestras instancias de comensalidad, entendiendo el acto de comer como algo histórico que nos atraviesa. 

Un gran porcentaje de nuestro sistema inmune radica en el intestino y cuando éste funciona bien y de modo estable, manda señales que llegan de manera directa a nuestro cerebro. Si bien los sentimientos y las emociones dependen de múltiples factores, cuidar nuestro intestino y sus bacterias puede considerarse una estrategia complementaria para mejorar nuestra salud emocional y así prevenir ansiedad, depresión o molestias digestivas que pueden afectar nuestra vida cotidiana. 

Debemos tener en cuenta que hay maquillajes con los cuales nos disfrazan los alimentos: color, olor y sabor. DISFRACES A LOS QUE ESTAMOS ACOSTUMBRADXS. Sin embargo, los alimentos pueden ser nuestra medicina, tenemos al alcance la posibilidad de hacer las paces con nuestra digestión, así como ayudar a prevenir o atemperar los síntomas vinculados al estado de ánimo. 

El trinomio será: ALIMENTACIÓN / MICROBIOTA / SALUD

Cuando hablamos de las mariposas del amor, la felicidad, el miedo, el enojo, inclusive la serenidad, son asuntos de nuestras vísceras, allí se expresa lo que nos sucede. Es decir, que nuestra salud necesita ser concebida desde un modelo holístico que nos brinde una mirada integral.