Fueron casi 10 años. El paso por el Centro de Nutrición, me abrió las puertas a un universo de convicción. Es a partir de ahí, que me dispuse a acompañar. 

Embarazadas, puérperas, niñ@s y adolescentes con Diabetes, Celiaquía y Obesidad. Familias que no sabían como hacer con LOS MOMENTOS DE LAS COMIDAS. 

Este era y es el gran tema. Años escuchando la demonización de los alimentos. 

Mi recorrido estuvo siempre regido por el pensar como armar estrategias singulares para cada familia. Cómo promover el disfrute en un acto tan arcaico como es el de comer. 

Algo que se desprende casi de manera directa es el hecho de hacer o someterse a una DIETA: algo que empieza y termina,restringe y prohíbe. TODO LO QUE A LARGO PLAZO CAE POR INSOSTENIBLE.

Para sostener, hay que tener convicción y eso es algo a construir. Entendamos que son muchas las variables que intervienen en cómo nos alimentamos. 

EL ACTO DE COMER, COMIENZA EN LA SELECCIÓN DE LO QUE COMPRAMOS

¿Qué sucede con el ingerir? ¿Que metemos en nuestra boca? ¿Que pretendemos tramitar en el tragar? ¿Que te estás comiendo cuando comes? ¿Desde donde me conecto con lo que pongo en mi plato? Cómo nos relacionamos con la comida. Y el impacto que esto tendrá en la corporalidad y la salud. 

El hambre emocional hace referencia a la ingesta en exceso, que busca saciar un vacío, o en respuesta a emociones que concibo como negativas. Intentando minimizar y/o regular el malestar que percibo. 

Esto, cual brújula nos orienta en algo: ESTAMOS DESCONECTADXS EN RELACIÓN A LO QUE NUESTRO CUERPO NECESITA.

La alimentación consciente rompe con las conductas automáticas y te conecta con tus emociones. 

¿Cómo ser capaces de gestionar ese malestar? Identificando y poniendo nombre a lo que sentimos para encontrar otras maneras de responder y que el acto de comer esté asociado al disfrute. ES DECIR, VOLVER LA MIRADA HACIA MI. ES ACÁ DONDE COMIENZA EL NUEVO CAMINO A TRANSITAR.