El circuito de gran parte de nuestra comida comienza en el denominado “paquete tecnológico”. El mismo comienza por una semilla genéticamente modificada para que resista grandes dosis de pesticidas, fungicidas, etc durante su crecimiento, recibiendo enormes cantidades de agrotóxicos (en el 2018 se usaron 525 millones de kg/l de agrotóxicos, promedio de 11,9 por persona). 

Esto no pareciera ser una cifra que alarme, supongo que porque es algo que no vemos alrededor ni escuchamos en la tele. Sin embargo, quienes están mayoritariamente expuestxs a esos números denuncian desde hace décadas el daño que se está ejerciendo sobre ellxs y su territorio. 

 Esos números que suenan simplemente a cifras, están dejando consecuencias devastadoras en el ambiente y en la salud humana; las comunidades vecinas a estas fumigaciones tienen el agua y los suelos contaminados por agrotóxicos. Una de estas comunidades es el  Barrio Ituzaingó Anexo de Córdoba, donde las madres denunciaron hace varios años que había 114 niños con agrotóxicos en sangre.

 * Estudios realizados hace más de una década demuestran que la exposición a pesticidas aumenta el riesgo de malformaciones congénitas, trastornos reproductivos y genotoxicidad 

(capacidad relativa de un agente de ocasionar daño en el material genético)

Pareciera que quienes no tenemos un campo de soja a 200 metros, nos consideramos exentxs, pero lamentablemente NO. Se tomaron muestras de frutas y verduras seleccionadas aleatoriamente en mercados de la ciudad encontrándose importantes cantidades de sustancias tóxicas, es decir, cuando te lo llevas a casa, tu alimento sigue teniendo veneno; los agrotóxicos están aunque no los podamos ver.

 Hace tiempo escuché que existe un modelo paralelo, sostenible y sano, que el sistema no quiere difundir porque los negocios detrás de la agricultura tecnológica son inimaginables (desde la ganancia por producción de semillas patentadas hasta los medicamentos oncológicos). Para este sistema perverso nuestra salud es nada más que un gran negocio.

Este modelo es conocido como AGROECOLOGÍA. Se considera agroecológico a aquellos alimentos, en general frutas y vegetales, que en ninguna etapa de su producción intervienen fertilizantes, herbicidas o pesticidas químicos, tampoco en los suelos donde son cultivados. 

El uso de agroquímicos para la agricultura industrial aumenta año a año debido a que los suelos pierden sus cualidades fértiles, agotándolos y las plagas y malezas generan resistencia a estos venenos, alimentando así un círculo vicioso.

La agroecología es un sistema en el que se toman principalmente tres ejes: la rotación de cultivos, la asociación de cultivos (cuáles se favorecen entre sí) y el agregado de abonos. La rigen ciertas leyes que aplicadas racionalmente, con métodos sencillos e insumos propios, da buenos resultados, especialmente, por la seguridad de los alimentos que se obtienen con su aplicación.

El modelo agroecológico propone contrarrestar al estandarizado basado en tecnologías que dañan, produciendo alimentos sanos, respetando los principios y tiempos de los cultivos y tomando en cuenta a la comunidad y a las familias campesinas quiénes atesoran grandes conocimientos al respecto y resultan una minoría invisibilizada aunque importantísima en esta pirámide. 

 Un modelo que propone preservar parte de la cultura de los pueblos, reconectando con la tierra y otorgando el valor por los alimentos reales. Hablar de agroecología, es hablar de soberanía alimentaria.